JAMA ya te dice qué puedes y qué no puedes hacer con IA al escribir un artículo médico
Si este año has escrito algo con ayuda de IA, un artículo, un TFM o una comunicación a congreso, esta edición va contigo. En diez días han pasado dos cosas que apuntan al mismo sitio. Una de las revistas médicas más leídas del mundo ha puesto por escrito qué se puede y qué no. Y la empresa que hace Claude ha empezado a dejar una marca invisible en todo lo que el modelo escribe.
JAMA ya te dice qué puedes hacer con IA al escribir un artículo
JAMA actualizó el 10 de agosto su guía sobre uso de IA en publicación médica. No es una declaración de buenas intenciones, es una lista concreta de tres columnas.
Lo que puedes hacer, declarándolo. Usar IA en la investigación, en la búsqueda bibliográfica, en la preparación del manuscrito, en la traducción y en la visualización de datos. La declaración tiene que llevar nombre de la herramienta, versión, fabricante, fechas de uso y en qué partes del texto la usaste. Los correctores básicos de gramática y ortografía quedan fuera de la guía, esos no se declaran.
Lo que no puedes hacer. Presentar como investigación original datos generados por IA. Redactar con IA una Opinión, una carta al director o un comentario en la web, que la revista describe como no permitido. Generar o manipular imágenes clínicas, ilustraciones, vídeo o audio. Usar IA en la revisión por pares, o para contestar a los revisores.
Y luego está el punto que más aprieta. Sobre la bibliografía, el texto dice que la IA no debería usarse para generar ni formatear referencias, porque estas herramientas pueden comprometer la exactitud y la integridad de las citas. Traducido, están recibiendo manuscritos con citas que no existen, a veces con nombres de autores reales pegados a títulos inventados.
¿Qué significa esto para ti? Esto no va solo de quien publica en JAMA. Va de cualquiera que escriba un TFM, un protocolo o una comunicación, porque el criterio ya está fijado y el resto de revistas van detrás. La regla que ordena todo lo demás cabe en una frase. La responsabilidad de lo que firmas es tuya, nunca de la herramienta. Comprueba una a una las referencias antes de mandar nada.
Updated Guidance for Author Use of AI in Medical Publication, JAMA.
Radar de la semana
Claude empieza a marcar todo lo que escribe, y no solo en Europa. El 2 de agosto entró en vigor el artículo 50 de la Ley europea de IA, que obliga a que el contenido generado con IA lleve marcas legibles por máquina. Anthropic ha sido la primera de las grandes en moverse.
Hace dos cosas. En el texto mete una marca de agua imperceptible dentro de las propias palabras, que no se ve al leer y que sigue ahí si copias y pegas. En los archivos que genera adjunta metadatos firmados con el estándar C2PA, algo parecido a los datos que lleva dentro una foto. Lo aplica en todo el mundo, no solo en la UE. Conviene leer la letra pequeña, que publica la propia empresa. Que se detecte la marca significa que Claude pudo haber pasado por ahí, no que lo escribiera entero. Y que no se detecte no prueba nada, porque la marca se pierde al convertir de formato o al hacer una captura. No es un detector de textos hechos con IA, así que ni pánico ni confianza ciega. Lo que cambia es el terreno de juego. Entre lo que te piden las revistas y lo que las herramientas marcan solas, esconder el uso deja de ser viable. Declararlo, en cambio, no te quita mérito ninguno. Documentación de Anthropic.
Una IA generativa diseña desde cero 16 virus que matan bacterias resistentes. Un equipo de Stanford y el Arc Institute publicó el 6 de agosto en Science algo que suena a ciencia ficción y no lo es. Usaron Evo, unos modelos de lenguaje entrenados con ADN en vez de con texto, para escribir genomas completos de bacteriófagos, que son virus que infectan bacterias y no personas.
Diseñaron cientos de candidatos, sintetizaron el ADN y lo llevaron al laboratorio. Dieciséis funcionaron, infectando y matando E. coli. Varios rindieron de forma comparable a los fagos naturales, y algunas combinaciones acabaron con dos cepas ya resistentes al fago del que partían. Los autores quitaron del entrenamiento los virus que infectan a humanos, y el mismo número de la revista lleva una reflexión sobre bioseguridad. Que la IA generativa ya no solo escribe textos, también escribe biología. Y aterriza en un problema que conoces de sobra, las resistencias a antibióticos. De aquí a un tratamiento quedan ensayos en animales y en personas, así que no es para mañana. La conversación sobre qué se puede diseñar y quién lo supervisa, en cambio, empieza hoy. Generative design of bacteriophages with genome language models, Science.
OpenAI saca ChatGPT para adolescentes, casi cuatro años después. OpenAI lanzó el 18 de agosto una versión de ChatGPT para chavales de 13 a 17 años. Bloquea contenido de suicidio, autolesiones y conversaciones románticas o sexuales, e impide que el chatbot diga que tiene sentimientos o conciencia. Los padres pueden fijar horas sin acceso y recibir avisos ante señales de riesgo, por ejemplo autolesiones o trastornos de la conducta alimentaria.
Lo interesante es cómo sabe que hay un menor al otro lado. Usa una estimación de edad que deduce si tienes menos de 18 a partir de cosas como el tipo de preguntas que haces. Llega casi cuatro años después de que ChatGPT se abriera al público y tras varias demandas por suicidios de adolescentes vinculados a chatbots. AP recuerda un estudio de Common Sense Media de 2025 según el cual más del 70 por ciento de los adolescentes estadounidenses usa chatbots de IA para hacerles compañía. Si ves adolescentes en consulta, esa cifra es tu contexto nuevo. Un control parental no sustituye a preguntar. Merece la pena incorporar algo tan simple como con quién habla el chaval cuando está mal, porque cada vez más veces la respuesta no es una persona. TechCrunch.
La reflexión de la semana
Fíjate en el orden en que pasan las cosas. Primero llegan las herramientas, después el uso masivo y, con años de retraso, las normas. Ha pasado con las revistas, con el marcado de contenido y con los adolescentes.
Eso te deja en una posición incómoda y a la vez interesante. Nadie te va a dar el manual a tiempo. El criterio te lo tienes que traer puesto. Declarar lo que usas, revisar lo que firmas y saber cuándo la herramienta se equivoca no es burocracia, es la parte del oficio que la norma siempre llega tarde a escribir.
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